YO EN EL FONDO DEL MAR
En el fondo del mar
hay una casa de cristal.
A una avenida
de madréporas da.
Un gran pez de oro,
a las cinco, me viene a saludar.
Me trae
un rojo ramo de flores de coral.
Duermo en una cama
un poco más azul que el mar.
Un pulpo
me hace guiños a través del cristal. En el bosque verde que me circunda —din don... din dan— se balancean y cantan las sirenas de nácar verdemar.
Y sobre mi cabeza
arden, en el crepúsculo, las erizadas puntas del mar. |
Alfonsina Storni
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Alfonsina Storni
Un lápiz
Por diez centavos lo compré en la esquina
y vendiómelo un ángel desgarbado;
cuando a sacarle punta lo ponía
lo vi como un cañón pequeño y fuerte.
Saltó la mina que estallaba ideas
y otra vez despuntólo el ángel triste.
Salí con él y un rostro de alto bronce
lo arrió de mi memoria. Distraída
lo eché en el bolso entre pañuelos, cartas,
resecas flores, tubos colorantes,
billetes, papeletas y turrones.
Iba hacia no sé dónde y con violencia
me alzó cualquier vehículo, y golpeando
iba mi bolso con su bomba adentro.
Lee todo en: Un lápiz - Poemas de Alfonsina Storni http://www.poemas-del-alma.com/un-lapiz.htm#ixzz2Aot5iTuf
y vendiómelo un ángel desgarbado;
cuando a sacarle punta lo ponía
lo vi como un cañón pequeño y fuerte.
Saltó la mina que estallaba ideas
y otra vez despuntólo el ángel triste.
Salí con él y un rostro de alto bronce
lo arrió de mi memoria. Distraída
lo eché en el bolso entre pañuelos, cartas,
resecas flores, tubos colorantes,
billetes, papeletas y turrones.
Iba hacia no sé dónde y con violencia
me alzó cualquier vehículo, y golpeando
iba mi bolso con su bomba adentro.
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Alfonsina Storni
Dos palabras
Esta noche al oído me has dicho dos palabras
Comunes. Dos palabras cansadas
De ser dichas. Palabras
Que de viejas son nuevas.
Dos palabras tan dulces que la luna que andaba
Filtrando entre las ramas
Se detuvo en mi boca. Tan dulces dos palabras
Que una hormiga pasea por mi cuello y no intento
Moverme para echarla.
Tan dulces dos palabras
?Que digo sin quererlo? ¡oh, qué bella, la vida!?
Tan dulces y tan mansas
Que aceites olorosos sobre el cuerpo derraman.
Tan dulces y tan bellas
Que nerviosos, mis dedos,
Se mueven hacia el cielo imitando tijeras.
Oh, mis dedos quisieran
Cortar estrellas.
Lee todo en: Dos palabras - Poemas de Alfonsina Storni http://www.poemas-del-alma.com/dos-palabras.htm#ixzz2AotJWlMY
Comunes. Dos palabras cansadas
De ser dichas. Palabras
Que de viejas son nuevas.
Dos palabras tan dulces que la luna que andaba
Filtrando entre las ramas
Se detuvo en mi boca. Tan dulces dos palabras
Que una hormiga pasea por mi cuello y no intento
Moverme para echarla.
Tan dulces dos palabras
?Que digo sin quererlo? ¡oh, qué bella, la vida!?
Tan dulces y tan mansas
Que aceites olorosos sobre el cuerpo derraman.
Tan dulces y tan bellas
Que nerviosos, mis dedos,
Se mueven hacia el cielo imitando tijeras.
Oh, mis dedos quisieran
Cortar estrellas.
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MIS LIBROS
Libros, callados libros de las estanterías,
vivos en su silencio, ardientes en su calma;
libros, los que consuelan, terciopelos del alma,
y que siendo tan tristes nos hacen la alegría!
Mis manos en el día de afanes se rindieron;
pero al llegar la noche los buscaron, amantes
en el hueco del muro donde como semblantes
me miran confortándome aquellos que vivieron.
¡Biblia, mi noble Biblia, panorama estupendo,
en donde se quedaron mis ojos largamente,
tienes sobre los Salmos las lavas más ardientes
y en su río de fuego mi corazòn enciendo!
Sustentaste a mis gentes con tu robusto vino
y los erguiste recios en medio de los hombres,
y a mí me yergue de ímpetu sólo el decir tu nombre;
porque yo de ti vengo he quebrado al Destino.
Después de ti, tan sólo me traspasó los huesos
con su ancho alarido, el sumo Florentino.
A su voz todavía como un junco me inclino;
por su rojez de infierno fantástica atravieso.
Y para refrescar en musgos con rocío
la boca, requemada en las llamas dantescas,
busqué las Florecillas de Asís, las siempre frescas
¡y en esas felpas dulces se quedó el pecho mío!
Yo vi a Francisco, a Aquel fino como las rosas,
pasar por su campiña más leve que un aliento,
besando el lirio abierto y el pecho purulento,
por besar al Señor que duerme entre las cosas.
¡Poema de Mistral, olor a surco abierto
que huele en las mañanas, yo te aspiré embriagada!
Vi a Mireya exprimir la fruta ensangrentada
del amor y correr por el atroz desierto.
Te recuerdo también, deshecha de dulzuras,
versos de Amado Nervo, con pecho de paloma,
que me hiciste más suave la línea de la loma,
cuando yo te leía en mis mañanas puras.
Nobles libros antiguos, de hojas amarillentas,
sois labios no rendidos de endulzar a los tristes,
sois la vieja amargura que nuevo manto viste:
¡desde Job hasta Kempis la misma voz doliente!
Los que cual Cristo hicieron la Vía-Dolorosa,
apretaron el verso contra su roja herida,
y es lienzo de Verònica la estrofa dolorida;
¡todo libro es purpúreo como sangrienta rosa!
¡Os amo, os amo, bocas de los poetas idos,
que deshechas en polvo me seguís consolando,
y que al llegar la noche estáis conmigo hablando,
junto a la dulce lámpara, con dulzor de gemidos!
De la página abierta aparto la mirada,
¡oh muertos!, y mi ensueño va tejiéndoos semblantes:
las pupilas febriles, los labios anhelantes
que lentos se deshacen en la tierra apretada.
Libros, callados libros de las estanterías,
vivos en su silencio, ardientes en su calma;
libros, los que consuelan, terciopelos del alma,
y que siendo tan tristes nos hacen la alegría!
Mis manos en el día de afanes se rindieron;
pero al llegar la noche los buscaron, amantes
en el hueco del muro donde como semblantes
me miran confortándome aquellos que vivieron.
¡Biblia, mi noble Biblia, panorama estupendo,
en donde se quedaron mis ojos largamente,
tienes sobre los Salmos las lavas más ardientes
y en su río de fuego mi corazòn enciendo!
Sustentaste a mis gentes con tu robusto vino
y los erguiste recios en medio de los hombres,
y a mí me yergue de ímpetu sólo el decir tu nombre;
porque yo de ti vengo he quebrado al Destino.
Después de ti, tan sólo me traspasó los huesos
con su ancho alarido, el sumo Florentino.
A su voz todavía como un junco me inclino;
por su rojez de infierno fantástica atravieso.
Y para refrescar en musgos con rocío
la boca, requemada en las llamas dantescas,
busqué las Florecillas de Asís, las siempre frescas
¡y en esas felpas dulces se quedó el pecho mío!
Yo vi a Francisco, a Aquel fino como las rosas,
pasar por su campiña más leve que un aliento,
besando el lirio abierto y el pecho purulento,
por besar al Señor que duerme entre las cosas.
¡Poema de Mistral, olor a surco abierto
que huele en las mañanas, yo te aspiré embriagada!
Vi a Mireya exprimir la fruta ensangrentada
del amor y correr por el atroz desierto.
Te recuerdo también, deshecha de dulzuras,
versos de Amado Nervo, con pecho de paloma,
que me hiciste más suave la línea de la loma,
cuando yo te leía en mis mañanas puras.
Nobles libros antiguos, de hojas amarillentas,
sois labios no rendidos de endulzar a los tristes,
sois la vieja amargura que nuevo manto viste:
¡desde Job hasta Kempis la misma voz doliente!
Los que cual Cristo hicieron la Vía-Dolorosa,
apretaron el verso contra su roja herida,
y es lienzo de Verònica la estrofa dolorida;
¡todo libro es purpúreo como sangrienta rosa!
¡Os amo, os amo, bocas de los poetas idos,
que deshechas en polvo me seguís consolando,
y que al llegar la noche estáis conmigo hablando,
junto a la dulce lámpara, con dulzor de gemidos!
De la página abierta aparto la mirada,
¡oh muertos!, y mi ensueño va tejiéndoos semblantes:
las pupilas febriles, los labios anhelantes
que lentos se deshacen en la tierra apretada.
| Rafael Pombo, Colombia, 1833 La memoria Oh perfecto presente del pasado, vida de tanto amado ausente y muerto, que poblando aquel fúnebre desierto burlas del tiempo el hierro despiadado! En mi hoy, más prosaico y desolado que el muerto ayer, me ofreces más de un puerto do a buscar vuelvo en mi soñar despierto un asilo poético y sagrado: un temple a cuya entrada unjo con llanto el corazón, y en otro mundo, el eco de inolvidables voces, oro y canto. ¿Será tal fruición juego, embeleso y no fiel prenda, misterioso rito, aurora boreal de lo infinito? De noche No ya mi corazón desasosiegan las mágicas visiones de otros días. ¡Oh Patria! ¡oh casa! ¡oh sacras musas mías!... Silencio! Unas no son, otras me niegan. Los gajos del pomar ya no doblegan para mí sus purpúreas ambrosías; y del rumor de ajenas alegrías sólo ecos melancólicos me llegan. Dios lo hizo así. Las quejas, el reproche son ceguedad. ¡Feliz el que consulta oráculos más altos que su dueño! Es la Vejez viajera de la noche; y al paso que la tierra se le oculta, abrese amigo a su mirada el cielo. TRASCIELO DEL CIELO AZUL ¡Qué miedo el azul del cielo! ¡Negro! ¡Negro de día, en agosto! ¡Qué miedo! ¡Qué espanto en la siesta azul! ¡Negro! ¡Negro en las rosas y el río! ¡Qué miedo! ¡Negro, de día, en mí tierra -¡negro!- sobre las paredes blancas! ¡ Qué miedo! ÁLAMO BLANCO
Arriba canta el pájaro y abajo canta el agua.
(Arriba y abajo, se me abre el alma.) Entre dos melodías la columna de plata. Hoja, pájaro, estrella; baja flor, raíz, agua. Entre dos conmociones la columna de plata. (Y tú, tronco ideal, entre mi alma y mi alma.) Mece a la estrella el trino, la onda a la flor baja. (Abajo y arriba, me tiembla el alma.)
NOCTURNO
A G. Martínez Sierra Aun soñaba en las dulzuras de esta tarde. Estoy solo; mis amores están lejos; y mi alma que se muere de tristeza, de nostalgia y de recuerdos, se sumía fatigada en la bruma de los sueños. Esta tarde han florecido los vergeles de los cielos; los crepúsculos pasados fueron grises cual monótonos crepúsculos de invierno. Esta tarde renació la primavera: los velados horizontes descubrieron sus aldeas indecisas; hubo rosas y violetas en lo azul del firmamento, hubo magia fabulosa de colores y de esencias; fue un crepúsculo de aquellos de las dulces primaveras que mi alma ve vagar en sus recuerdos. En la nada flotó un algo de profundas transparencias y los giros de las brisas, un momento dibujáronse temblando; una onda ensombrecía los misterios de la tarde... En el cielo religioso las estrellas del crepúsculo entreabrieron; y mi alma se perdió en la vaga bruma de los últimos jardines melancólicos y quietos... Aun soñaba en las dulzuras de esta tarde. Estoy solo; mis amores están lejos. He entreabierto mi balcón: por oriente ya la luna va naciendo; las fragantes madreselvas dan al aire de la noche las unciones de sus frescos y balsámicos perfumes; están tristes los luceros. En mi oído vibra el ritmo de las voces que se aman. Me da horror de estar a solas con mi cuerpo... El silencio me contagia; estoy mudo..., en mis labios no hay acentos... Me parece que no hay nadie sobre el mundo, Me parece que mi cuerpo se agiganta; siento frío, tengo fiebre, en la sombra me amenazan mil espectros... He sentido que la vida se ha apagado sólo viven los latidos de mi pecho: es que el mundo está en mi alma; las ciudades son ensueños... Sólo turba la quietud solemne y honda el temblor de los diamantes de los cielos. Estoy solo con mi alma que se muere de tristeza, de nostalgia y de recuerdos. ¿A quién cuento mis pesares? Me da miedo de turbar este silencio con sollozos. ¡Si escuchara algún suspiro! ¡Mis amores están lejos! Por los árboles henchidos de negruras hay terrores de unos monstruos soñolientos, de culebras colosales arrolladas y alacranes gigantescos; y parece que del fondo de las sendas unos hombres enlutados van saliendo... Los jardines están llenos de visiones; hay visiones en mi alma..., siento frío, estoy solo, tengo sueño... Los recuerdos se amontonan en mi mente, los suavísimos recuerdos de las tardes que me dieron sus colores, sus esencias y sus besos. ¡Son tan dulces esas tardes de la tierra!, (¡ah, las tardes de los cielos!) Ya la luna amarillenta va subiendo. Mis pupilas, anegadas por el llanto, se han cuajado de luceros. Siento frío...¡Quién pudiera dormitar eternamente en su ensueño, olvidarse de la tierra y perderse en lo infinito de los cielos! Llega un aire perfumado, caen mis lágrimas; estoy solo; mis amores están lejos... |
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